Soluciones para el Retiro | Profesionales y emprendedores

¿Qué hacer con lo que tienes (y lo que no tienes)? – Segunda Parte

La semana pasada comentaba sobre las implicaciones de envejecer sin planear adecuadamente el destino de nuestro patrimonio, y los conflictos que esta falta de planeación puede traer a la familia.
Ahora, pensemos en las complicaciones de fallecer prematuramente, sin haber acumulado patrimonio suficiente para cubrir los compromisos ya adquiridos: educación y manutención de hijos, manutención de padres y otros dependientes económicos, etc.
En este escenario, la situación es aún más complicada que cuando envejecemos, pues existen compromisos en curso, que permanecerán incluso si ya fallecimos. El fallecimiento prematuro tiene justamente ese inconveniente, ocurre inesperadamente.
El seguro de vida tiene la virtud de cubrir ese vacío de recursos que, potencialmente, puede presentarse en la vida de cualquier familia. Es una herramienta que permite planear correctamente la cobertura de compromisos de largo plazo.
Imagine lo siguiente: padre joven de dos hijos, uno de 5 y otro de 8 años de edad, que fallece prematuramente. Sus hijos necesitarán recursos para alcanzar la mayoría de edad y un poco más, y si no hay suficiente patrimonio acumulado, la suma asegurada de un seguro de vida podría cubrir ese faltante.
Ésa es la esencia del seguro de vida y su función más importante, proveer recursos que faltarán ante la ausencia prematura del asegurado.

Planee su patrimonio, o prevea la falta del mismo, a tiempo; todos los argumentos que tenga para no hacerlo sólo impactarán, precisamente a quienes más desea proteger.

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¿Qué haces con tus riesgos?

La gestión riesgos es una disciplina formal para las grandes organizaciones. En ellas identificar, analizar y administrar sus riesgos es tarea de especialistas. Sin embargo, no es lo mismo en la pequeña y mediana empresa. La estadística es contundente, siete de cada diez PYME en nuestro país operan sin coberturas de riesgos (incendio, responsabilidad civil, etc.).

¿Qué es el riesgo?

De acuerdo con el diccionario de la lengua española, un riesgo es la “proximidad de un daño”.

Puede ser algo tan simple como trasladarnos en nuestro automóvil.  Esta sola actividad nos expone a una colisión o a lesionar un peatón, entre otros eventos.

O la posibilidad de un evento catastrófico; por ejemplo, un terremoto.

El riesgo es parte de nuestra vida personal y profesional. Si tenemos que convivir con él, entonces aprendamos a gestionarlo:

  1. Evitarlo. En algunas ocasiones podemos optar por evitar un riesgo.  Si usted sabe que hoy quizá llueva y no quiere manejar con lluvia, simplemente no salga y evitará el riesgo de un siniestro. Pero, ¿y si tiene compromisos que debe atender aunque llueva?
  2. Prevenirlo.Si de todos modos manejará con lluvia, será conveniente que revise los limpiadores de parabrisas, sus luces de día y sus llantas para minimizar el riesgo de accidentarse.
  3. Asumirlo. Como haste este punto ( y en el ejemplo de manejar con lluvia) el riesgo sólo pudo ser minimizado, pero aún existe. Usted debe decidir si asumirá la pérdida en caso de un siniestro.  Aquí su decisión se basará en su capacidad para absorber la pérdida. ¿Tiene suficientes recursos para comprarse otro auto en caso de pérdida total? ¿o para pagar los gastos médicos de un peatón lesionado?
  4. Transferirlo. Usted puede (y debe) trasladar el riesgo a otros, si su patrimonio se ve amenazado en caso de un siniestro. El origen del contrato de seguro es precisamente ése: transferir las consecuencias de un riesgo a un institución que cuente con reservas, y no pagar estas consecuencias con su patrimonio personal o con los activos de su empresa.

En conclusión, bien sea usted un padre de familia o el propietario de una empresa, haga un inventario de sus riesgos y un plan para administrarlos.  Encontrará riesgos tan pequeños que fácilmente podrá asumirlos sin ayuda, pero existen otros, que por su alcance no tendrá otra opción que transferirlos.

Por favor si tiene dudas o preguntas sobre este tema no dude en escribirlas en el espacio de comentarios.

¡Bienvenido nuevamente!

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Gastos Médicos y tu economía

Las enfermedades y accidentes representan un golpe doble para nuestra economía personal:  implican un desembolso de dinero y, lo que es peor, llegan sin avisar. Todavía es común afrontar estos gastos médicos con ahorros personales, sin embargo, es la forma menos recomendable de hacerlo, a menos que sean desembolsos pequeños.

Los gastos médicos pueden rebasar incluso el valor de nuestro patrimonio, por lo que siempre será indispensable contar con un seguro médico.  En el caso de que tu seguro médico sea privado es conveniente que tengas en cuenta algunos aspectos de tu póliza, independientemente de la aseguradora que la haya expedido:

  • Suma Asegurada. Esto es especialmente importante si tu seguro es prorpocionado por la empresa para la que trabajas, pues lo seguros de grupo normalmente tienen una suma asegurada limitada.  Esto es, si los gastos médicos rebasan la suma contratada por tu empresa, ya no serán cubiertos por el seguro.  El peor momento para conocer esto es cuando ya estás utilizando el seguro (mi recomendación es que revises tu póliza ahora).
  • Períodos de espera.  Algunas enfermedades para ser cubiertas requieren de cierta antigüedad, por lo que si cambias de aseguradora, es importante que preguntes sobre el reconocimiento de antigüedad en tu póliza anterior para no comenzar nuevamente. Para esto no deben pasar más de 30 días en adquirir tu nueva póliza.
  • Desempleo.  Si pierdes tu empleo y también el seguro médico que te proporcionaba tu empresa tienes un período de 30 días para adquirir un seguro individual con reconocimiento de antigüedad de tu póliza de grupo.  Este beneficio es poco conocido, y muchas personas no lo aprovechan.
  • Reembolso.  Para ejercer tus beneficios como asegurado tienes dos opciones, pago directo (utilizando un hospital de red) o solicitar el reembolso de tus gastos médicos si decides atenderte fuera de la red de la aseguradora.  Si optas por el reembolso, ten en cuenta que la aseguradora pagará tus gastos de acuerdo con su tabulador.  Utiliza esta opción sólo si tienes claro el mecanismo de reembolso de tu aseguradora.

Siempre es mejor afrontar las enfermedades y los accidentes con un respaldo económico.

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