¿Qué hacer con lo que tienes (y lo que no tienes)? – Segunda Parte

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Tomás Gómez Luría

La semana pasada comentaba sobre las implicaciones de envejecer sin planear adecuadamente el destino de nuestro patrimonio, y los conflictos que esta falta de planeación puede traer a la familia.
Ahora, pensemos en las complicaciones de fallecer prematuramente, sin haber acumulado patrimonio suficiente para cubrir los compromisos ya adquiridos: educación y manutención de hijos, manutención de padres y otros dependientes económicos, etc.
En este escenario, la situación es aún más complicada que cuando envejecemos, pues existen compromisos en curso, que permanecerán incluso si ya fallecimos. El fallecimiento prematuro tiene justamente ese inconveniente, ocurre inesperadamente.
El seguro de vida tiene la virtud de cubrir ese vacío de recursos que, potencialmente, puede presentarse en la vida de cualquier familia. Es una herramienta que permite planear correctamente la cobertura de compromisos de largo plazo.
Imagine lo siguiente: padre joven de dos hijos, uno de 5 y otro de 8 años de edad, que fallece prematuramente. Sus hijos necesitarán recursos para alcanzar la mayoría de edad y un poco más, y si no hay suficiente patrimonio acumulado, la suma asegurada de un seguro de vida podría cubrir ese faltante.
Ésa es la esencia del seguro de vida y su función más importante, proveer recursos que faltarán ante la ausencia prematura del asegurado.

Planee su patrimonio, o prevea la falta del mismo, a tiempo; todos los argumentos que tenga para no hacerlo sólo impactarán, precisamente a quienes más desea proteger.

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Publicado por Tomás Gómez Luría

Es autor del blog Soluciones para el Retiro, en el que comparte su experiencia en materia de Retiro y Ahorro para profesionales y emprendedores.

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