Ingresos pasivos en tu retiro

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Tomás Gómez Luría

Nuestra vida cambia constantemente.  De forma imperceptible, hasta que un día vemos hacia atrás y la actualidad es muy diferente de nuestro pasado.  Con los ingresos pasa lo mismo, en la parte activa de la vida los únicos ingresos que vemos con interés son los activos.  No obstante, con el tiempo los ingresos pasivos serán claves en nuestro bienestar futuro.

Los ingresos pasivos son aquéllos que podemos recibir en automático, sin necesidad de realizar actividad alguna para obtenerlos. Ejemplos claros son las rentas de inmuebles, los dividendos y las rentas vitalicias.

¿Por qué son necesarios los ingresos pasivos en el retiro?

Podemos pensar que el mejor modo de gestionar nuestro dinero es administrarlo nosotros mismos. Esto nos da la oportunidad de hacerlo crecer y administrarlo con criterio propio.  No obstante, esas ventajas se transforman en inconvenientes al paso del tiempo. ¿Te imaginas administrando un negocio o estar pendiente del desempeño de los mercados a los 80 años?

¿No será mejor recibir solamente un ingreso sin tener que hacer algo para que llegue? El valor de los ingresos pasivos se revela precisamente cuando nuestra circunstancia personal no nos permite estar ya al pendiente de la generación de ingresos como en la juventud.

Y no tiene por qué ser un escenario extremo.  Simplemente un profesional que a los 60 años decide dejar de preocuparse por los ingresos, aunque no abandone del todo su actividad profesional, encontrará en los ingresos pasivos una opción valiosa para mantener su nivel de vida alejado de turbulencias económicas.

Transformando tus activos en ingresos

Las instituciones de seguros han desarrollado un servicio financiero que garantiza ingresos constantes de por vida:  las rentas mensuales.

Las rentas mensuales se adquieren pagando la prima correspondiente en una sola exhibición.  A cambio la compañía de seguros se compromete a pagar de por vida, o por los años contratados, una mensualidad sin que el asegurado tenga que preocuparse por la gestión.

A lo largo de nuestra vida acumulamos activos que tienen utilidad en nuestra juventud, o cuando tenemos una familia en crecimiento.  Con los años estos activos (una segunda casa, una casa de vacaciones, un local comercial, etc.) cierran su ciclo con nosotros y dejamos de necesitarlos.  En ese punto puedes convertirlos en dinero para adquirir una renta vitalicia. 

Así, el activo no desaparece sino lo transformas en una fuente de ingresos pasivos que trabaje a tu favor.

En un entorno cada vez más complejo porque la esperanza de vida es cada vez mayor, y el costo de la vida adulta crece de forma constante, asegurar fuentes complementarias de ingresos que requieran un mínimo o ningún esfuerzo para percibirlos es de importancia capital. ¿Qué opinas?

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Publicado por Tomás Gómez Luría

Es autor del blog Soluciones para el Retiro, en el que comparte su experiencia en materia de Retiro y Ahorro para profesionales y emprendedores.

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